Hace pocos años comenzaron a circular en las redes sociales espectaculares imágenes, paradójicas en sentido espacial, de obras de arte pintadas en los suelos o muros de todo el mundo. Algunos de sus autores se volvieron famosos y comenzaron a ser invitados a distintos eventos celebrados por pequeños y grandes ayuntamientos, festivales de arte, centros comerciales y campañas de sensibilización social lanzadas por instituciones internacionales.   De ello dan cuenta, por ejemplo, las obras realizadas por el artista plástico Eduardo Relero que fueron expuestas en New York, Milán, Berlín, Barcelona, Dubai, Montevideo, Jerusalem, Londres, La Haya, Kazan, Arlés, Módena, Brande, Riga, Amberes y Viseu, entre otras ciudades.

 Debido a la posibilidad del público de incorporarse interactivamente a estas obras de gran formato, se crea un importante flujo de visitas presenciales en torno a ellas, así como una masiva reproducción virtual de las mismas, generada por los propios espectadores al compartir las fotografías en sus redes sociales, canales You Tube, blogs y otros soportes.

Iniciado el período de desconfinamiento, para la población sería muy bienvenida y una grata sorpresa reencontrarse con la vida pública participando de estas obras que, indudablemente, contribuirán a “vivir” los espacios comunes y comerciales.

Con respecto a las condiciones de producción, para la realización de estas obras en espacios interiores o exteriores, paredes y suelos, es necesario un período de trabajo in situ de, al menos, cinco días.   Las obras ocupan sitios que deben ser estudiados a priori, debido a que se trata de ilusiones ópticas que requieren ajustarse a la arquitectura de cada contexto en particular.  Para hacerlas, se utilizan colores al agua y el grado de durabilidad de cada obra dependerá del tipo de pintura utilizada. Muchas son obras efímeras, se borrarán con el paso de los días y las lluvias, aunque, si se lo requiere, pueden conservarse en buen estado durante más tiempo en suelos y, preferentemente, en muros. El estilo de cada obra obedece siempre a la seña personal del artista. A Eduardo Relero se le han confiado numerosas campañas de Amnistía Internacional, Greenpeace, Firefox, Cruz Roja, Universidad Complutense, Microsoft y otras instituciones nacionales e internacionales.